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30 de noviembre de 2008

Piel


¿Qué tendrá la piel, que es toda cosquillas y deleite?

19 de noviembre de 2008

Con los ojos cerrados


Cierro los ojos y te encuentro... Me acerca a ti esa respiración de espera, calma y relajada... Me hunde en ti el aroma que despides, madera antigua, añejo tinto, brisa del mar... Recorro tu silueta y sin mirar te miro: piel en ebullición, sonrisa que apenas se insinúa... Me gusta descender hasta tus pies, besar los dedos que te asientan, diez afirmaciones del deseo que ya se agita y crece... El tobillo es un deleite que antecede otros perfiles y hendiduras de la travesía... Mi brújula es tu aliento pero mi mano va lenta, rozando, guardando en la memoria los contornos... Con los párpados bajos calco tu cuerpo, erguido cual vigía buscando tierra para explorar... No hay prisa, tu silueta vibra... La noche acompaña la noche que he elegido privando hoy a la vista, para sentirte a la luz de otros sentidos...

9 de noviembre de 2008

Pensamientos


Me inquieta tu forma de mirar: uno queda atrapado en tus ojos y es como si penetraras el alma con una profunda intensidad. Siento que es difícil sostener la mirada lo mismo que dejar de mirarte: lo que existe es un anhelo candente por quedarse ahí, llegar al límite de los deseos para que no haya más opción que acercarse, susurrar, tocar, embriagarme con tu aroma... Que delicia sentirte, rozarte, olerte, acariciarte, lamerte, besarte... Todos mis sentidos exacerbados por ti: el nervio, la emoción, las ganas contenidas, lo que tu cercanía me provoca.
Cada pequeño toque con un dedo tuyo, o tu mano, o tu rodilla o tu oído, es como encender circuitos, levitar. Me haces sentir demasiadas cosas, y no exagero al decir demasiadas...
Nuestros encuentros -cuando se den- ¿van a ser espacios para recrear las fantasías que surjan entre nosotros? ¿Se vale soñar todo...? ¿Me vas a llevar por ese camino de la libertad corporal, de la expresividad de los cuerpos? He de confesar que me asusta y me atrae... Si cierro los ojos puedo imaginarte dentro, sentirte dentro... Tiemblo con este pensamiento tan real, lo juro.
Excita sobre manera nombrarte de millones de formas que sólo te identifiquen a ti, porque mi ser te reconoce como único. Y no sobra decir que me gusta mucho conversar contigo y que esa confortable sensación de confianza, de entrega, de disposición a la escucha mutua es un entremés que también excita de una forma no concebida.
Te pienso poderoso, gentil, algo frágil, guía, explorador audaz, todo menos intocable, y lo agradezco. Cuando me broten pensamientos así, ¿puedo invocarte?

8 de noviembre de 2008

Los besos


Debiera ser una blasfemia olvidar un beso como el que describes, y más aún si tú sí lo recuerdas... ¿Cómo purificarme de una pena tan grave?
Aquel día, al despedirte me sembraste una incógnita: ¿hubo o no un beso en la boca? A ratos pensaba haberlo imaginado, en otros lo sentía aún presente sobre mis labios. Tanta fue mi sorpresa, tanta la emoción cosechada.
Estos besos tuyos -¿o nuestros?- son como un fuerte embrujo. Si así nos vamos a saludar y a despedir siempre, que ganas de verte todos los días, todos los instantes...
Ahora este otro beso en la boca desprendió la pócima para quedarse flotando a la orilla de mis pensamientos, en el centro de un sueño... Fue una semana intensa, entre el desazón y el deseo. No pensarte era como una penitencia auto impuesta, en espera de contar con un medio de condonar la deuda contraída por el olvido.
¿A qué te sabe el beso que ahora va de regreso, directo hacia tu boca, con la loca misión de no quedarse ahí sino de navegarte? Quisiera un mapa de tus zonas de éxtasis... Permíteme sonrojarme con lo que en este momento la imaginación me regala...